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Editorial 8

Dos faros para alumbrar nuestra travesía este año El primer faro es el que ha erigido el Papa Francisco I en su exhortación apostólica LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO, que sigue iluminándonos con su intensa luz. El segundo faro, que señala con balizas el océano, lo ha erigido la Unión Europea al declarar el 2015 como el “Año Europeo del Desarrollo”.
  •  El primer faro es el que ha erigido el Papa Francisco I en su exhortación apostólica LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO (Evangelii gaudium), que sigue iluminándonos con su intensa luz:

¡No a una economía de la exclusión y de la inequidad!... ¡No a una economía de la exclusión!... ¡No a la nueva idolatría del dinero!” (EG 53-55-57, etc.) Desarrollando una “globalización de la indiferencia”, ¿nos volveremos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros? En una sociedad de la información “que nos satura indiscriminadamente de datos”, ¿no terminará esto llevándonos a “una tremenda superficialidad” a la hora de abordar las difíciles cuestiones morales que se plantean?

Un firme rechazo, preguntas sin rodeos que debemos afrontar de todo corazón, provistos de una humilde lucidez.

Y el Papa, con su perspicacia evangélica, señala la auténtica causa de las tormentas que acechan a nuestra sociedad actual: se trata de una profunda crisis antropológica “la negación de la primacía del ser humano” (EG 55). Por consiguiente, precisa, “se vuelve necesaria una educación que enseñe a pensar críticamente y que ofrezca un camino de maduración en valores” (EG 64). ¡Qué realismo! ¡Qué consuelo y qué júbilo para todos los que tienen vocación de educadores! ¡Qué invitación a la audacia y a una abnegación llena de esperanza!

Sí, seamos receptores de la súplica de Francisco I: “¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!” (EG 109).

 

  •  Una vuelta a las aulas en la que prepararse para vivir el año 2015, el “Año Europeo del Desarrollo”.

Y contamos con un segundo faro, que señala con balizas el océano, erigido por la Unión Europea:
La designación del año 2015 como “Año Europeo del Desarrollo”, aprobada tras la votación de los diputados europeos el pasado 2 de abril.

La Unión Europea elige cada año un tema para dar más visibilidad a algunas de sus acciones y sensibilizar a los ciudadanos europeos, pero es la primera vez que un año europeo está dedicado a una política exterior de la UE. El ponente del texto hace hincapié en la importancia que se otorga a la dignidad de cada ser humano, una lucha que no se detiene en las fronteras de nuestro continente. El lema elegido “nuestro mundo, nuestra dignidad, nuestro futuro”, quiere reflejar la fuerza de este compromiso.

Con esta perspectiva, el comisario de Desarrollo, Andris Piebalgs, declaró que este Año Europeo ofrecerá “una oportunidad sin igual (…) para mostrar nuestro firme compromiso con la erradicación de la pobreza en todo el mundo y para informarles de cómo cada euro de apoyo ayuda a hacer una diferencia en las vidas de tantas personas, en algunos de los países más pobres del mundo.

Es una oportunidad de confirmar nuestra orientación y renovar nuestras energías, las de las diferentes ODNs: sigamos movilizándonos para aportar nuestra contribución a los proyectos que se publican en este sitio web. Todos ellos se llevan a cabo en países de extrema pobreza, una “extrema pobreza” que relega a la impotencia, la invisibilidad y el silencio a las personas que la padecen de forma prolongada, hasta destruir sus esfuerzos por salir adelante…

Sí, volvamos a escuchar la convicción de nuestro Papa: “Los cristianos insistimos en nuestra propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos mutuamente ‘a llevar las cargas’”.