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Llamada de San- Agustin

Esta llamada a la solidaridad no es algo nuevo. La podemos escuchar en palabras de San Agustín (354-430), que nació en África del Norte, se convirtió al cristianismo en el año 386 y fue ordenado obispo de Hipona en el año 395. En uno de sus sermones nos invita a que, si sentimos una llamada interior, dejemos de poner la atención en la buena comida y nos centremos en otros bienes que nos son preciados.

(…) Pero lo superfluo para ti es necesario para los pobres. —«Pero yo —dices—, banqueteo opíparamente, me alimento de manjares costosos». —«¿De cuáles se alimenta el pobre?» —«De los ordinarios». Los alimentos del pobre son los ordinarios, mientras que yo —dices— me alimento de manjares costosos». Entra en tu interior el manjar costoso, (…). Hastiado, apenas te sacias. Desconoces el sabor de lo que condimenta el hambre.


Sírvete alimentos escogidos, costosos, porque tal es tu costumbre, porque no te es posible de otra manera, puesto que, si cambias la costumbre, enfermas. Se te concede. Sírvete de cosas superfluas, pero da a los pobres lo que les es necesario. Sírvete manjares costosos, pero da a los pobres los ordinarios.


Él (el pobre) tiene puesta su esperanza en la mano que fue hecha juntamente con él.

 

Tú la tienes puesta en la mano que te hizo. Pero no solo te hizo a ti, sino también al pobre contigo. Os dio a los dos como único camino esta vida; en ella os habéis encontrado como compañeros de viaje, camináis por el mismo camino. Él no lleva nada, tú vas demasiado cargado. Él no lleva nada consigo; tú llevas contigo más de lo que necesitas. Vas cargado; dale a él de eso que tienes. De esta forma, además de alimentarlo a él, aligeras tu propia carga.
 

 

 

SAN AGUSTÍN (extracto del Sermón 61. La oración de petición, 12)