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Haití, una nueva presencia después del huracán - Noticia 1

Un joven haitiano de camino a la escuela se sincera….

... la verdad es que somos los niños más desfavorecidos. Cada mañana, para ir a la escuela a pie, tenemos que levantarnos antes del amanecer, para prepararnos, porque para la mayoría de nosotros la escuela está muy lejos.

Nuestros padres no tienen dinero para que podamos coger un taxi cada día. Así que tenemos que ir andando.

Pero vamos siempre contentos y orgullosos, porque sabemos lo que queremos y lo que pretendemos. Por el camino, nos vamos encontrando con compañeros,  nos alegramos y bromeamos, y así caminamos más rápido.

A veces, me entristece ver a niños de apenas cuatro años que suben con dificultad el sendero empinado. Niños que, como nosotros los mayores, tienen que sortear duros obstáculos para llegar a la escuela. De D'Osmond a Bédou, recorremos unos dos kilómetros y medio. Cuando llegamos a Mont Coucou, la angustia nos invade al pensar en los cerros empinados que nos aguardan. Pero los que viven en Savane-Longue y Baja lo tienen peor. Antes de que salga el sol, tienen que adentrarse a oscuras en la hierba húmeda y fría. Algunas personas se preguntan: ¿Por qué no van a la escuela cercana? Ir a la escuela de Bedou, la de San Ignacio de Loyola, es aceptar sacrificarse para triunfar.

No somos los únicos en padecer estas situaciones; a nuestros profesores les ocurre lo mismo. Pero nunca se desaniman, ellos también se sacrifican para venir a trabajar y entregarse en cuerpo y alma a nosotros, sus alumnos.

Nuestros padres se benefician de las ventajas que ofrecen las escuelas de “Fe y alegría”. Quieren que seamos niños bien educados y que vayamos a una escuela de calidad. 

Una escuela que nos ayude a asumir nuestras responsabilidades, a desarrollar nuestros talentos y que  permita a niños como nosotros, rechazados por la sociedad, alcanzar sus objetivos.  Además, no hay elección.

Tenemos que ir a la escuela porque ya se sabe que “para tener éxito en la vida primero hay que sufrir”.

Aunque la escuela no sea cosa fácil, hay que aprovechar la oportunidad. Debemos aceptar sacrificarnos, por respeto a los esfuerzos de nuestros padres. Por lo tanto, debemos estudiar, trabajar, y poder así cosechar lo sembrado.

Wallax ABEL
Alumno de NS2 (secundaria) de San Ignacio de Loyola en Haiti.